lunes, 6 de mayo de 2013

Los límites de la igualdad.

Ayer, mientras disfrutaba de una cálida comida en el tan reconocido día de la madre, tuve un acalorado debate acerca de la igualdad entre los hombres y las mujeres. 

Ya lo dice la constitución: "El derecho a la igualdad es aquel derecho inherente que tienen todos los seres humanos a ser reconocidos como iguales ante la ley y de disfrutar de todos los demás derechos otorgados de manera incondicional, es decir, sin discriminación por motivos de nacionalidad, raza, creencias o cualquier otro motivo".

La pregunta es ¿Hasta que punto somos iguales? y fundamentalmente ¿Hasta que punto se cumple dicha igualdad? ¿Se ha conseguido crear una discriminación positiva por parte de la mujer?. Si nos remontamos a hace varias décadas, el papel de la mujer se encontraba discriminado e infravalorado con respecto al hombre. Se veían como "incapaces" de realizar ciertos trabajos físicos y de desempeñar ciertas tareas consideradas "masculinas". Con el paso del tiempo, las mujeres han ido ganando terreno en varios ámbitos y fundamentalmente en el laboral, en el cual, han conseguido alcanzar y en algunos aspectos igualar la condición del hombre. En la actualidad encontramos mujeres camioneras, obreras, policías, médicas, así como hombres que hacen danza, peluqueros, enfermeros y otros muchos oficios que antes estaban "mal vistos" en estos sexos. Pero esto no acaba así porque ya se sabe que hecha ley, hecha la trampa y que algunos matices cuestionan esa igualdad a la que se ha pretendido llegar. Diversas asociaciones en defensa de la mujer han creado movimientos feministas que se remontan a hace años pero estando ahora en un escalón mas alto, la llamada discriminación positiva. 

Como ya he comentado, la mujer ha sido discriminada a lo largo de la historia y es por eso que dichos movimientos se toman al pie de la letra que hay que establecer políticas que favorezcan a la mujer debido a que ha sido discriminada con anterioridad. ¿No es eso hacer lo mismo que los hombres hacían con nosotras? ¿Qué queremos, la ley del talión? (mas conocida por "ojo por ojo, diente por diente"). En el debate que tuve, una persona de mi sexo opuesto defendía que si se ha querido y se quiere una igualdad entre los hombres y las mujeres por qué a la hora de acceder a oposiciones de policía (por citar un ejemplo) a la hora de realizar las pruebas físicas se rebajaban las marcas a las mujeres con respecto a los hombres alegando que "los hombres son físicamente mas fuertes que las mujeres" y sin embargo no se les permitía a ellos, obtener una calificación menor en la prueba teórica si la sociedad ha establecido que "ellas son más listas". En mi opinión, creo que esta "discriminación positiva" ha causado un revuelo entre los mas extremistas defensores del machismo y las mas atrevidas del feminismo. Yo creo que se ha creado una especie de guerra sexual con la que no se llega a ninguna parte. Se ha llegado a un punto en el que la mujer paga menos por el seguro de un coche porque "tienen menos accidentes" o pagan menos por el seguro de vida porque "hay mas mujeres viudas de hombres". El feminismo extremo se ha cogido todo el brazo al darles la mano,

Con esto quiero decir que hay que abandonar los clichés sociales y que no se puede generalizar por el hecho de que la mayoría sea o no sea capaz. Una mujer puede ser obrera y levantar un saco de cuarenta kilos y un hombre puede que simplemente no pueda realizarlo, abandonando el mito de "ellos son mas fuertes" y de igual forma, un hombre puede ser un perfecto enfermero así como una mujer puede ser pésima desempeñando la misma labor, abandonando el mito de "ellas son mas pacientes y comprensivas". La sociedad nos marca día a día cómo debemos de vestir, de hablar, lo que está bien o mal visto. Nos marca una moda que seguir y nosotros simplemente nos agarramos a ella y la seguimos. Con la igualdad entre hombres y mujeres ocurre lo mismo. Hay unas pautas demasiado marcadas, un poder o no poder dependiendo del sexo que la genética te haya brindado. Defenderé mi opinión en la que alego que las personas sean valoradas por su eficiencia y no por sexo o apariencia. Que no tengan que haber unas marcas  determinadas para hombres o mujeres, sino unas estándar para lo que son, personas.

Podemos intentar conseguir una valoración equivalente en hombres y mujeres, sin discriminaciones a favor o en contra, pero no juguemos a crear un nuevo sexo porque si fuéramos iguales a nosotras no nos faltaría una Y ni a ellos les faltaría una X.

martes, 23 de abril de 2013

Tus principios y tus finales.

"Siempre habrá un instante en el que recuerdes de qué forma llegaste a este preciso momento. Siempre habrá una canción que te invite a un baile del pasado y siempre habrá una sonrisa que rescate el motivo de tu felicidad"

Y si en un preciso momento despiertas del asombro, entenderás que todo es ligeramente diferente. Que has cambiado aquel marco de fotos de lugar, que la colonia no es la que solías usar antes. Te darás cuenta de que a pesar de ser todo igual, es todo distinto. ¿Y qué es el día a día sin un ligero toque de cambio?. El despertar de una nueva ilusión, de un sin fin de oportunidades, de vivencias y recuerdos que acabaran ocupando nuestra mente. No somos mas que una pluma, y los recuerdos, la tinta de nuestro tintero. Actuamos de igual forma, nos sumergimos en ellos y así vamos haciendo historia, escribimos NUESTRA historia. En ocasiones la tinta se agota o la pluma se pierde y cuando eso ocurre es cuando los recuerdos duelen y nosotros no somos capaces de encontrarnos. 

¿Pero que ocurriría si tuviéramos todo el tiempo del mundo para usar la tinta y escribir esa historia? Que acabaríamos acostumbrándonos a demasiadas sensaciones. Las sorpresas ya no serían sorpresas, todo sería demasiado predecible. Las decepciones no nos harían llorar ni caernos, simplemente serían un suceso tantas veces repetido que ya no nos afectaría. Olvidaríamos el amor, el dolor, el sueño... Y con ello nos acostumbraríamos a sacar a gente de nuestra vida, a olvidar. Nos mostraríamos indiferentes ante la nostalgia, y las emociones pasarían simplemente a ser efímeras. Nos tornaríamos unos adaptativos emocionales. 

Y ese es el secreto, ese es el motivo por cual todas y cada una de nuestras  historias incluida la que engloba a todas las demás, tienen fecha de caducidad. Vivimos constantemente quejándonos del dolor, de la alegría, del calor, del frío. Nos quejamos de la lluvia, del sol, de los días tristes y de los días no tan tristes. Y lo cierto es que si no tuviéramos todo eso acabaríamos viviendo por el simple hecho de permanecer en la historia. Nadie se molestaría en recordarnos si no pasáramos por todas esas emociones, si la tinta de nuestro tintero jamás se agotara. Esa tinta es la que le da color a nuestra existencia, la que nos provoca todas esas sensaciones buenas y malas. Pero al fin y al cabo, sensaciones. Esa tinta que a veces duele y nos ata el estómago sin dejarnos respirar. Esa tinta sin la que hoy por hoy no seriamos lo que somos.



Propongo escribir de cada día una historia diferente. Ir llenando ese tintero para que cuando se acabe podamos ser capaces de releer lo que escribimos con su contenido. Propongo hacer de cada día, un día que valga la pena ser recordado, porque a fin de cuentas, son los recuerdos la tinta de nuestro tintero.

MLW.

jueves, 4 de abril de 2013

Mi guión sin argumentos.

"La vida es probablemente la experiencia mas lista e instructiva de todas, si no aprendes de ella, no aguantarás ni un día en el campo de batalla"


Es posible que cada cosa que nos sucede en el día a día ya esté premeditada, que de alguna forma haya un acuerdo no escrito del destino con nosotros mismos. Que ya se sepa desde antes el dolor que vamos a sufrir o los tropiezos que vamos a tener, pero que una de las cláusulas del contrato sea que nosotros mismos no debemos conocerlo. Hay demasiadas leyes no escritas ¿No crees? ¿Quién controla lo que debe y no debe de suceder?. Estamos programados hasta el mas mínimo detalle, el problema es que no nos damos cuenta de ello. ¿Cómo seriamos capaces de vivir si supiéramos las lagrimas que vamos a hacer derramar o si supiéramos lo que somos capaces de hacer sufrir sin a penas darnos cuenta? Sería un juego demasiado macabro, otra forma de "jugar a ser Dios". Y es que llevado a la práctica rompemos con los esquemas teóricos y es que la vida no está programada, sino que somos nosotros mismos los que la programamos. Nos levantamos con un prototipo de día escrito, como con el molde, y nosotros nos encargamos de ir moldeándolo. Parece sencillo ¿verdad? lo cierto es que es mucho mas complicado de lo que quizá asemeje.

Somos seres animados, repletos de recuerdos y sentimientos, sentimientos que emergen cuando menos lo deseamos y sobretodo en los momentos menos oportunos. Somos idiotas, si, y disculpad que lo diga pero es cierto. Animales perezosos que sufrimos por placer, sí, porque es la única explicación a que suframos hasta por la imaginación. Pensamos demasiado y eso a veces ha traído a grandes reconocidos pero en ocasiones es tal el tormento y el peso con el que cargamos, que la única respuesta racional a dichos pensamientos, es el dolor. Existen un millón (de hecho infinitos) de supuestos, y somos capaces de imaginarnos el más enrevesado de todos. Es probable que estemos en lo cierto, de hecho la mayoría de las veces lo estamos pero lo único que obtenemos de nuevo, es dolor. Lloramos con las alegrías, con las penas, con las buenas y las malas noticias. Lloramos cuando nos despedimos, pero también cuando nos reencontramos y es por eso que la única explicación a todo esto sea que sufrimos por placer.

Pasamos toda nuestra vida preguntándonos ¿Por qué? y lo que no sabemos es que la respuesta somos nosotros mismos. Conocemos la solución a mas de la mitad de las situaciones que nos inquietan y aun así solo esperamos que alguien acuda a nuestra ayuda porque somos débiles, mas de lo que muchas veces queremos aparentar y es que el dolor nos cierra y nos ciega. Vivimos en una comparación continua no mejoramos para superarnos, sino para superar a los demás y esa es la triste realidad. Permanecemos ausentes, y sin darnos cuenta mostramos la mayor actividad de todas, la mental. Y es que si algo he aprendido es que las cosas siempre son pasajeras, hay algunas que duran mas que otras pero con el tiempo, todo se convierte en algo pasajero, al menos físicamente porque como también he aprendido, la mente es quien nos domina. He aprendido a diferenciar lo necesario de lo esencial e imprescindible, que por mucho que queramos cambiar las cosas hay veces que lo de ser superhéroes nos viene grande y que es duro observar como una demostración, se demuestra en un animal perezoso, repleto de recuerdos y sentimientos diferente a ti. 




MLW.


jueves, 21 de marzo de 2013

Las mejores lecciones, en los peores momentos.

Esos días en los que te levantas y el sol brilla diferente. No hay gente por las calles, no hay ruido, solo existe el silencio. Son esos días en los que te sientes oprimido, en los que una especie de nube te colapsa todas y cada una de las partes de tu cuerpo. Es un día en el que lo mismo da bien o mal, feliz o triste, claro u oscuro. Son esos días en los que te miras al espejo y no eres tu, has cambiado. Estás mas despeinado de lo habitual, los ojos solo expresan cansancio y tu cuerpo solo desea rendirse. Son de esos días en los que te asomas a la ventana y no ves nada, solo escuchas como el viento zarandea en tus oídos, como algún coche despistado arranca sin éxito el motor o cómo el cielo nublado baña tus ojos. Son esos días en los que todo parece fuera de lugar, en los que nada te cuadra. Días en los que te asustas del miedo y en los que añoras el tiempo.


Son de esos días en los que no importa el futuro y en los que el presente se vive para tener un pasado que recordar. En los que no sabes muy bien que día hace ni a que hora has empezado a dar el primer paso, en los que cada parpadeo te recuerda un sueño y en los que cada rincón te parece el mejor sitio donde descansar la mente. Días en los que te proteges de ti mismo, en los que te duele la memoria, la cabeza y el corazón. En los que llueve sobre tus mejillas aunque estés sonriendo, y en los que coges un reloj y retrocedes la ruleta rápidamente para que con ella lo hagan las manecillas  y esos minutos eternos solo huyan del tiempo. Días en los que te impulsas a ti mismo a seguir adelante, a continuar y dar un paso mas allá que los que has dado hasta ahora. Son días interminables, en los que los minutos solo hacen que correr hacia atrás como si no quisieran que ese día terminara. Y te levantas, te vistes y sigues tu rumbo. Tu cabeza viaja a miles de sitios, visita ciudades, descubre sueños, después llegas a casa, exhausto de haber estado contemplando la eternidad de esos minutos y entonces te sientas, y haces un balance del día. Te das cuenta de que solo has escuchado ruido, que te has cansado de mirar el exterior y que solo necesitas esconderte bajo esa acorazada sábana que protege de los días mas grises, y entonces cierras los ojos, pero tu cabeza sigue viajando, sigue pensando y sigue imaginando todo aquello que algún día simplemente borrarás de tu memoria. Porque se valora lo verdaderamente importante, porque quedan las cosas buenas. Porque son de esos días en los que comprendes tus errores y aprendes de todos y cada uno de ellos. Son de esos días en los que tu afán de lucha despierta pero que descansa cuando cierras los ojos y te alegras de que uno de esos  días, haya terminado ya.



martes, 5 de marzo de 2013

Sóplale al viento


Corre hacia el horizonte, como si no hubiera mañana que perdonar, como si cada día fuera el último día en la tierra. Grita, donde todo el mundo sea capaz de escucharte, donde el sonido rompa todas las barreras y donde la magia invada cada nota.


Es ese soplo de vida, de aire fresco... 


Esa sonrisa que enternece, que ilumina cada centímetro de oscuridad que invade los días. Sonrisas que secan lágrimas, que crean y provocan sensaciones, sonrisas que son eternas...














Porque nada dura para siempre, y porque para siempre, dura mucho tiempo. Porque cometer errores fortalece y aprender de ellos ayuda a esquivar futuros. Porque no existen reglas, ni condiciones que te obliguen a creer en algo o en alguien. Por la convención de crecer y ser valientes, no rendirse, no hundirse y sobretodo, no caerse. Por romperla, por ser niños un dia mas, por tener miedo, por hundirnos de vez en cuanto y por caernos, pero sobre y ante todo, levantarnos.

Por mantenerse firme. sóplale al viento...




viernes, 1 de marzo de 2013

Si sueñas, soñaremos juntos

Es cuando cada mañana te levantas que te das cuenta de lo que has vivido. Que has pasado por momentos tan horribles que están fuertemente agarrados en tu mente. A veces no te acuerdas de ellos, pero otras, vuelven a ti para agarrarse y no soltarte nunca. Vivo el día a día pensando que quizá exista una forma de borrar todo aquello de lo que un día me hice cargo. No busco responsables porque es posible que no los haya o quizá sí, pero darles una etiqueta ahora mismo solucionaría poco del pasado.

La rueda va girando poco a poco hasta que llega el día que se detiene. Nunca sabemos cuándo llega ese día pero lo cierto es que lo hace. Hacemos un balance de todo lo bueno y lo malo que tenemos y hemos tenido. Quemamos cartas con lágrimas, con recuerdos que hacen daño y con secretos que jamás pudieron ser contados. Abrazamos aquellos abrazos y aquellas canciones que consiguieron nuestra paz, pero jamás seremos capaces de olvidar ni un metro de subida en esa noria, porque por mucho que el fuego haga desaparecer letras, jamás hará desaparecer corazones. Valorar las cosas importantes es la gran faena que aun hoy en día no se ha conseguido. No nos damos cuenta de lo que tenemos a nuestro lado, no valoramos cada detalle, cada cosa que nos parece minúscula y en realidad es fundamental. No nos fijamos si hemos puesto el pie derecho o el izquierdo al levantarnos de la cama, si nos hemos puesto antes la camiseta o los pantalones. Si decimos adiós o hasta luego. No nos fijamos si el lazo de nuestros cordones es mas grande o mas bonito que el día anterior, no reparamos en cada pestañeo, no los contamos ni tan siquiera somos conscientes de ello. No contamos las gotas de lluvia, ni las estrellas. No valoramos lo verdaderamente importante hasta que un día, dejamos de tenerlo. Ese día tampoco nos solemos dar cuenta del todo, parece mas como una especie de sueño. Te levantas, con el pie izquierdo seguramente. Tal vez te hayas puesto primero los pantalones y te has despedido con un adiós. Además, el lazo de los cordones de tus zapatillas ha perdido la forma y ya no aprieta como debería. Es posible que estés pestañeando más, para evitar que alguna lágrima caiga de tus ojos y seguramente sean tantas las gotas de lluvia que no puedas ver las estrellas para contarlas. Son pequeños detalles que cuando suceden te hacen despertar y es entonces cuando valoras todo lo verdaderamente importante.