Las decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas suelen verse condicionadas por toda serie de factores. Algunos empiezan en nosotros y otros en gente cercana. No intentes apartar a un lado eso que a veces te da que pensar, eso que un día ignoraste pero cuando menos te lo esperas vuelve con mas fuerza. El tiempo pasa, y las personas solemos tirar de él para excusarnos, de lo que no nos damos cuenta es de que es solo un pretexto que empleamos cuando no sabemos que contestar, cuando nos vemos hundidos en un mar de dudas del cual no podemos escapar.
A veces es complicado tomar decisiones e incluso cuando las tomamos no sabemos si son las correctas. Tenemos una vida llena de grietas y nuestra misión es intentar cerrar todas y cada una de ellas. Intentamos siempre la opción más fácil aunque a veces no nos damos cuenta de que en realidad es la mas complicada. Debemos ponernos en el lugar del otro, comprender y estudiar el por qué, pero muchas veces no lo hacemos y pensamos que lo tenemos todo solucionado y que nada nos puede detener.
Pero entonces, entonces llega un día, el día en el que te levantas miras por la ventana y lo comprendes todo. Te das cuenta de todas las cosas que te quedan por hacer, de todas las personas con las que tienes que hablar y a las que tienes que conocer. Comprendes todos tus errores y entiendes que algo tiene que cambiar. Que tienes que conocer a todas esas personas cuanto antes, que debes arreglar todos tus errores para no volver a cometerlos y que tienes que hacer todo eso que siempre has deseado. Llega un dia en el que las gotas de lluvia golpean el cristal de tu habitación y en cada una de ellas hay un momento de tu vida reflejado, no sabes porque ocurre, pero sucede y es entonces cuando verdaderamente te das cuenta de que hace frío fuera, que es de noche y la lluvia empieza a apretar, que solo una luz ilumina tus manos y que solo estás pensando en una cosa. Has cometido un error y el tiempo se está agotando porque el invierno, ya ha cubierto sus calles con el frio.