En la oscuridad de la noche se
encienden unas luces de neón. Esta luz no nos dejará dormir y la cama de este
hotel no es tan cómoda como parecía, así que es mejor salir al balcón a tomar
el aire y fijar la mirada y atención en las ventanas que hay frente a mí. No
soy el único al que le cuesta dormir esta noche. Hace calor. Y la noche
encierra decenas de historias de cine mudo, historias que nos evocan aquellas
otras historias que pudieron ser y no fueron.
Enciendo un cigarrillo olvidando
que hace siglos que no fumo. Y ahí estás tú. En cada esquina. Detrás de cada
ventana. Entonces mi mente vuela varios meses atrás, cuando todo se reducía a
un sí o un no. Y la vida de las personas que caminan por la calle y de las
personas que veo tras los cristales se entremezclan con aquél momento, con lo
que fue y lo que podría haber sido, porque un sí o un no cambian la dirección
de una vida.
Sí (La noche eterna).
El amor no es vernos perfectos
sin serlo, es vernos por una vez como Seres únicos, aunque salgan
por la tele modelos más altos y más guapos que nosotros, pero hace falta soñar
y apostar fuerte, y salir a la pista a bailar sin importar si bailamos como
patos mareados, en realidad son los otros los que lo hacen mal. Pero hay
momentos en los que la euforia y los seísmos entre sábanas dejan al descubierto
que “para siempre es casi y en Nada se quedó” y buscamos
escapar de la desilusión. Pero esto es amor de verdad, y volvemos como gatos
fieles y al mirarnos a los ojos no podemos evitar irnos a la cama como dos
gatos en celo, porque somos dos gatos en celo. Y es ahí, en la cama donde el
humo y la música, hacen desatar la lujuria y el vicio. Ya sabéis cómo son estas
historias nacidas por la casualidad, encuentros más o menos casuales,
separaciones y reinvenciones de ciudades. A veces las historias más bellas son
esas que nos hacen perder los papeles y bebemos y vivimos cada segundo como si
la vida se fuera a acabar de un momento a otro y es que somos adictos a la
magia, a “la chistera de doble fondo, la varita mágica, el juego de cartas que
se metamorfoseaba en tus dedos”, por eso, al final siempre suena el teléfono y
eres tú la que estás al otro lado del auricular, y soy yo quien contesta porque
nos completamos el uno al otro, porque nos necesitamos y, entonces, es cuando
queremos estar juntos para siempre y si amanece bajamos las persianas para que
la noche sea eterna.
No (los días no vividos).
Pero imagina que en lugar de sí
dices no, que en lugar de ser valiente decides agachar la mirada y no arriesgar
(apostar sobre seguro es lo que deben hacer los niños buenos).
Sí, a veces la luz lo inunda
todo, pero no sabemos de dónde viene y creemos, equivocados, que es el sol y
nos decimos “debería ser posible” pero.... Y negamos la evidencia. Porque, la
verdad es que ya no somos los mismos, hemos sido expuestos, hemos gritado, nos
hemos manifestado en la plaza mayor pero, nos cuesta tanto cambiar de actitud.
Hemos caído en su red pero, como niños buenos, debemos volar bajo. Entonces
suena una notificación de Twitter (ya conocéis ese ruido
“wio”) y pienso que quizás seas tú… pero sólo hay un mar de noticias,
interferencias, ruido… pero no eres tú. Por eso necesitamos, coger fuerzas y
salir de ésta… ah, y si salimos de ésta, si logramos levantar
cabeza, no tenderemos que ser tan altivos como para celebrarlo como un gol de
nuestro equipo. Allá vamos, cogemos aire después de subir las escaleras, en
lugar de llamar al timbre llamamos por teléfono… pero no nos contesta. La noche
eterna no es más que los días no vividos, esa magnífica historia
que pudo ser y no fue y, para colmo las noticias son claras: llegó la crisis
para terminar de fastidiarnos la vida. Ahora que no ocupamos el tiempo en
morder, besar y lamer, nos damos cuenta de los pocos euros que tenemos en los
bolsillos y las pocas oportunidades que tenemos de tener más, pero no somos
capaces de salir todos a la calle y gritar lo que todo el mundo calla.
Pero inevitablemente estamos
hechos para la noche, estamos hechos para encontrarnos. Vale, lo hemos pasado
mal, pero un “sí” o un “no” no son muy distintos si acabamos en la cama, “no es
necesario tener principios, lo importante es tener finales”.
FunInsom.