lunes, 22 de junio de 2015

Estamos hechos para la noche

En la oscuridad de la noche se encienden unas luces de neón. Esta luz no nos dejará dormir y la cama de este hotel no es tan cómoda como parecía, así que es mejor salir al balcón a tomar el aire y fijar la mirada y atención en las ventanas que hay frente a mí. No soy el  único al que le cuesta dormir esta noche. Hace calor. Y la noche encierra decenas de historias de cine mudo, historias que nos evocan aquellas otras historias que pudieron ser y no fueron.
Enciendo un cigarrillo olvidando que hace siglos que no fumo. Y ahí estás tú. En cada esquina. Detrás de cada ventana. Entonces mi mente vuela varios meses atrás, cuando todo se reducía a un sí o un no. Y la vida de las personas que caminan por la calle y de las personas que veo tras los cristales se entremezclan con aquél momento, con lo que fue y lo que podría haber sido, porque un sí o un no cambian la dirección de una vida.

Sí (La noche eterna).
El amor no es vernos perfectos sin serlo, es vernos por una vez como Seres únicos, aunque salgan por la tele modelos más altos y más guapos que nosotros, pero hace falta soñar y apostar fuerte, y salir a la pista a bailar sin importar si bailamos como patos mareados, en realidad son los otros los que lo hacen mal. Pero hay momentos en los que la euforia y los seísmos entre sábanas dejan al descubierto que “para siempre es casi y en Nada se quedó” y buscamos escapar de la desilusión. Pero esto es amor de verdad, y volvemos como gatos fieles y al mirarnos a los ojos no podemos evitar irnos a la cama como dos gatos en celo, porque somos dos gatos en celo. Y es ahí, en la cama donde el humo y la música, hacen desatar la lujuria y el vicio. Ya sabéis cómo son estas historias nacidas por la casualidad, encuentros más o menos casuales, separaciones y reinvenciones de ciudades. A veces las historias más bellas son esas que nos hacen perder los papeles y bebemos y vivimos cada segundo como si la vida se fuera a acabar de un momento a otro y es que somos adictos a la magia, a “la chistera de doble fondo, la varita mágica, el juego de cartas que se metamorfoseaba en tus dedos”, por eso, al final siempre suena el teléfono y eres tú la que estás al otro lado del auricular, y soy yo quien contesta porque nos completamos el uno al otro, porque nos necesitamos y, entonces, es cuando queremos estar juntos para siempre y si amanece bajamos las persianas para que la noche sea eterna.

No (los días no vividos).
Pero imagina que en lugar de sí dices no, que en lugar de ser valiente decides agachar la mirada y no arriesgar (apostar sobre seguro es lo que deben hacer los niños buenos).
Sí, a veces la luz lo inunda todo, pero no sabemos de dónde viene y creemos, equivocados, que es el sol y nos decimos “debería ser posible” pero.... Y negamos la evidencia. Porque, la verdad es que ya no somos los mismos, hemos sido expuestos, hemos gritado, nos hemos manifestado en la plaza mayor pero, nos cuesta tanto cambiar de actitud. Hemos caído en su red pero, como niños buenos, debemos volar bajo. Entonces suena una notificación de Twitter (ya conocéis ese ruido “wio”) y pienso que quizás seas tú… pero sólo hay un mar de noticias, interferencias, ruido… pero no eres tú. Por eso necesitamos, coger fuerzas y salir de ésta… ah, y si salimos de ésta, si logramos levantar cabeza, no tenderemos que ser tan altivos como para celebrarlo como un gol de nuestro equipo. Allá vamos, cogemos aire después de subir las escaleras, en lugar de llamar al timbre llamamos por teléfono… pero no nos contesta. La noche eterna no es más que los días no vividos, esa magnífica historia que pudo ser y no fue y, para colmo las noticias son claras: llegó la crisis para terminar de fastidiarnos la vida. Ahora que no ocupamos el tiempo en morder, besar y lamer, nos damos cuenta de los pocos euros que tenemos en los bolsillos y las pocas oportunidades que tenemos de tener más, pero no somos capaces de salir todos a la calle y gritar lo que todo el mundo calla.
Pero inevitablemente estamos hechos para la noche, estamos hechos para encontrarnos. Vale, lo hemos pasado mal, pero un “sí” o un “no” no son muy distintos si acabamos en la cama, “no es necesario tener principios, lo importante es tener finales”.



FunInsom.

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