Todo estaba tranquilo, los días pasaban y solo pensaba en cómo será el siguiente. A pesar de ello pasaban iguales uno tras otro, sin a penas cambios. Pero de repente aparece algo que te despierta, que te hace reaccionar, y piensas en todo el tiempo que has perdido. Descubrí en un instante que había cometido el error más grande de todos y no fue hasta que eso ocurrió, que me di cuenta.
Creía que perdonar era una norma no una opción. Que todo el mundo merecía esa segunda oportunidad de confianza que muchas veces negamos pero ¿hasta dónde?. Comprendí que todo pasa por algo y si no se soluciona es porque de alguna forma debe ser así pero... ¿cuál es el punto medio entre lo que pasa y lo que debe pasar?. Me di cuenta que perdonar no significa ser perdonado, que a veces decimos lo que no sentimos y que intentamos convencernos de algo que no podemos asumir. Que los errores están para cometerlos ¡y anda que no cometemos! pero algunos de ellos acaban dejando cicatrices imposibles de borrar.
Es en ese momento, en el que ocurre algo que te despierta, cuando ves que cada vez que pensabas en ello como una opción alimentabas el error. Cuando uno mismo es capaz de recordar aquello guardado bajo llave que responde al "cómo llegué a esto" y donde todas las preguntas que acaban de aparecer, empiezan a tener respuesta. Y es que quizá no exista una forma universal de arreglar todo aquello que rompemos, de reemplazar unas cosas por otras sin recordar las anteriores ni de recuperar el tiempo perdido. Tal vez la existencia sea otra cosa y simplemente estemos condenados a ser sensibles, a tener sentimientos de rabia, nostalgia, cariño... ¡Somos tan débiles! que no tenemos la capacidad de repetir sin volver a caer en el mismo agujero.
Lo innegable de todo esto es que al caer y despertar de golpe, descubrimos el error,
y lo volveríamos a cometer.
MLW.
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