jueves, 19 de marzo de 2015

Amanece que no es poco

De repente una voz sonó tras de mi, voltee la cabeza y no vi nada, no vi a nadie. Seguí caminando como si nada hubiera ocurrido habrá sido el viento -pensé- y sin apartar la mirada del camino continué hacia no sé muy bien dónde. De nuevo algo llamó mi atención y un escalofrío erizó el vello de mis brazos. La calle estaba desierta habrá sido el viento -pensé-, y sin embargo noté un leve roce en mi espalda. El miedo empezó a recorrer mi cuerpo y tropecé con mis sentidos.

Salí corriendo como si al final del camino me esperase alguien pero allí no había nadie. Llegué a casa, cerré la puerta y eché el pestillo. Lancé los zapatos por el aire, me quité la ropa y me metí en la cama.. las sábanas estaban heladas tanto como mi nariz. Me cubrí de cuerpo entero con la manta y exhalé un suspiró, habrá sido el viento -volví a pensar- pero entonces decidí olvidar esa idea y regresar a la realidad. 

No había nada, allí no había nadie. En ese momento cerré los ojos y caí dormida y fue entonces cuando pude ponerle cara al viento.

#microcuento