martes, 23 de abril de 2013

Tus principios y tus finales.

"Siempre habrá un instante en el que recuerdes de qué forma llegaste a este preciso momento. Siempre habrá una canción que te invite a un baile del pasado y siempre habrá una sonrisa que rescate el motivo de tu felicidad"

Y si en un preciso momento despiertas del asombro, entenderás que todo es ligeramente diferente. Que has cambiado aquel marco de fotos de lugar, que la colonia no es la que solías usar antes. Te darás cuenta de que a pesar de ser todo igual, es todo distinto. ¿Y qué es el día a día sin un ligero toque de cambio?. El despertar de una nueva ilusión, de un sin fin de oportunidades, de vivencias y recuerdos que acabaran ocupando nuestra mente. No somos mas que una pluma, y los recuerdos, la tinta de nuestro tintero. Actuamos de igual forma, nos sumergimos en ellos y así vamos haciendo historia, escribimos NUESTRA historia. En ocasiones la tinta se agota o la pluma se pierde y cuando eso ocurre es cuando los recuerdos duelen y nosotros no somos capaces de encontrarnos. 

¿Pero que ocurriría si tuviéramos todo el tiempo del mundo para usar la tinta y escribir esa historia? Que acabaríamos acostumbrándonos a demasiadas sensaciones. Las sorpresas ya no serían sorpresas, todo sería demasiado predecible. Las decepciones no nos harían llorar ni caernos, simplemente serían un suceso tantas veces repetido que ya no nos afectaría. Olvidaríamos el amor, el dolor, el sueño... Y con ello nos acostumbraríamos a sacar a gente de nuestra vida, a olvidar. Nos mostraríamos indiferentes ante la nostalgia, y las emociones pasarían simplemente a ser efímeras. Nos tornaríamos unos adaptativos emocionales. 

Y ese es el secreto, ese es el motivo por cual todas y cada una de nuestras  historias incluida la que engloba a todas las demás, tienen fecha de caducidad. Vivimos constantemente quejándonos del dolor, de la alegría, del calor, del frío. Nos quejamos de la lluvia, del sol, de los días tristes y de los días no tan tristes. Y lo cierto es que si no tuviéramos todo eso acabaríamos viviendo por el simple hecho de permanecer en la historia. Nadie se molestaría en recordarnos si no pasáramos por todas esas emociones, si la tinta de nuestro tintero jamás se agotara. Esa tinta es la que le da color a nuestra existencia, la que nos provoca todas esas sensaciones buenas y malas. Pero al fin y al cabo, sensaciones. Esa tinta que a veces duele y nos ata el estómago sin dejarnos respirar. Esa tinta sin la que hoy por hoy no seriamos lo que somos.



Propongo escribir de cada día una historia diferente. Ir llenando ese tintero para que cuando se acabe podamos ser capaces de releer lo que escribimos con su contenido. Propongo hacer de cada día, un día que valga la pena ser recordado, porque a fin de cuentas, son los recuerdos la tinta de nuestro tintero.

MLW.

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