jueves, 21 de marzo de 2013

Las mejores lecciones, en los peores momentos.

Esos días en los que te levantas y el sol brilla diferente. No hay gente por las calles, no hay ruido, solo existe el silencio. Son esos días en los que te sientes oprimido, en los que una especie de nube te colapsa todas y cada una de las partes de tu cuerpo. Es un día en el que lo mismo da bien o mal, feliz o triste, claro u oscuro. Son esos días en los que te miras al espejo y no eres tu, has cambiado. Estás mas despeinado de lo habitual, los ojos solo expresan cansancio y tu cuerpo solo desea rendirse. Son de esos días en los que te asomas a la ventana y no ves nada, solo escuchas como el viento zarandea en tus oídos, como algún coche despistado arranca sin éxito el motor o cómo el cielo nublado baña tus ojos. Son esos días en los que todo parece fuera de lugar, en los que nada te cuadra. Días en los que te asustas del miedo y en los que añoras el tiempo.


Son de esos días en los que no importa el futuro y en los que el presente se vive para tener un pasado que recordar. En los que no sabes muy bien que día hace ni a que hora has empezado a dar el primer paso, en los que cada parpadeo te recuerda un sueño y en los que cada rincón te parece el mejor sitio donde descansar la mente. Días en los que te proteges de ti mismo, en los que te duele la memoria, la cabeza y el corazón. En los que llueve sobre tus mejillas aunque estés sonriendo, y en los que coges un reloj y retrocedes la ruleta rápidamente para que con ella lo hagan las manecillas  y esos minutos eternos solo huyan del tiempo. Días en los que te impulsas a ti mismo a seguir adelante, a continuar y dar un paso mas allá que los que has dado hasta ahora. Son días interminables, en los que los minutos solo hacen que correr hacia atrás como si no quisieran que ese día terminara. Y te levantas, te vistes y sigues tu rumbo. Tu cabeza viaja a miles de sitios, visita ciudades, descubre sueños, después llegas a casa, exhausto de haber estado contemplando la eternidad de esos minutos y entonces te sientas, y haces un balance del día. Te das cuenta de que solo has escuchado ruido, que te has cansado de mirar el exterior y que solo necesitas esconderte bajo esa acorazada sábana que protege de los días mas grises, y entonces cierras los ojos, pero tu cabeza sigue viajando, sigue pensando y sigue imaginando todo aquello que algún día simplemente borrarás de tu memoria. Porque se valora lo verdaderamente importante, porque quedan las cosas buenas. Porque son de esos días en los que comprendes tus errores y aprendes de todos y cada uno de ellos. Son de esos días en los que tu afán de lucha despierta pero que descansa cuando cierras los ojos y te alegras de que uno de esos  días, haya terminado ya.



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