viernes, 1 de marzo de 2013

Si sueñas, soñaremos juntos

Es cuando cada mañana te levantas que te das cuenta de lo que has vivido. Que has pasado por momentos tan horribles que están fuertemente agarrados en tu mente. A veces no te acuerdas de ellos, pero otras, vuelven a ti para agarrarse y no soltarte nunca. Vivo el día a día pensando que quizá exista una forma de borrar todo aquello de lo que un día me hice cargo. No busco responsables porque es posible que no los haya o quizá sí, pero darles una etiqueta ahora mismo solucionaría poco del pasado.

La rueda va girando poco a poco hasta que llega el día que se detiene. Nunca sabemos cuándo llega ese día pero lo cierto es que lo hace. Hacemos un balance de todo lo bueno y lo malo que tenemos y hemos tenido. Quemamos cartas con lágrimas, con recuerdos que hacen daño y con secretos que jamás pudieron ser contados. Abrazamos aquellos abrazos y aquellas canciones que consiguieron nuestra paz, pero jamás seremos capaces de olvidar ni un metro de subida en esa noria, porque por mucho que el fuego haga desaparecer letras, jamás hará desaparecer corazones. Valorar las cosas importantes es la gran faena que aun hoy en día no se ha conseguido. No nos damos cuenta de lo que tenemos a nuestro lado, no valoramos cada detalle, cada cosa que nos parece minúscula y en realidad es fundamental. No nos fijamos si hemos puesto el pie derecho o el izquierdo al levantarnos de la cama, si nos hemos puesto antes la camiseta o los pantalones. Si decimos adiós o hasta luego. No nos fijamos si el lazo de nuestros cordones es mas grande o mas bonito que el día anterior, no reparamos en cada pestañeo, no los contamos ni tan siquiera somos conscientes de ello. No contamos las gotas de lluvia, ni las estrellas. No valoramos lo verdaderamente importante hasta que un día, dejamos de tenerlo. Ese día tampoco nos solemos dar cuenta del todo, parece mas como una especie de sueño. Te levantas, con el pie izquierdo seguramente. Tal vez te hayas puesto primero los pantalones y te has despedido con un adiós. Además, el lazo de los cordones de tus zapatillas ha perdido la forma y ya no aprieta como debería. Es posible que estés pestañeando más, para evitar que alguna lágrima caiga de tus ojos y seguramente sean tantas las gotas de lluvia que no puedas ver las estrellas para contarlas. Son pequeños detalles que cuando suceden te hacen despertar y es entonces cuando valoras todo lo verdaderamente importante.


No hay comentarios:

Publicar un comentario