martes, 30 de julio de 2024

Incertidumbre

Entonces un día te levantas, pensando que tus sensaciones serán iguales que las del día anterior, pero te notas distinta, como con un vacío en el pecho, desorientada y algo mareada. Aunque no sabes identificar exactamente lo que está ocurriendo, sabes que algo no va bien.

Estás apática, no te apetece ser amiga de nadie y mucho menos tenerles a tu alrededor. Solo quieres que pase el día, que empiece el siguiente y que vuelva a terminar de nuevo. El vacío crece por momentos, piensas en unas cosas y en otras y solo alimentas más y más el pensamiento. Pasas del miedo al enfado y de este al llanto, y así es como tratas de sobrevivir.

Sabes cuál es el origen del problema y por mucho que intentes enmascararlo con otros, tienes la total certeza de que solo uno debe aclararse para que el resto lo hagan solos. Pero te da miedo aceptarlo porque hacerlo implica dejar marchar y no estás segura de si podrías soportarlo ahora mismo. No hay nada más triste que saber que la misma persona que te calma es la que te produce ese sentimiento de tristeza. Esto genera una sensación insana de dependencia que va a acompañada de ansiedad. Una ansiedad tan fuerte que desemboca en un vacío sin fecha de caducidad.

Incertidumbre, miedo a qué pasará, pérdida, pena y abandono. Establecer un vínculo con alguien significa tener apego de una forma u otra. El problema es cuando esa relación no está compensada. Las personas tenemos una unión del 100% que no siempre se reparte a partes iguales. A veces una está al 20%, pero la otra tiene fuerza para aportar ese 80% restante. Lo importante es llegar a ese máximo que mantiene lo que conforma el vínculo, pero ¿qué ocurre cuando no somos capaces de compensar la pérdida de la otra parte? Ahí es cuando toca ser fuertes, cuando se debe aguantar por mantenerse y donde el apego hace de las suyas.

Entonces un día te levantas, pensando que tu batería está al mismo nivel de carga que ayer pero de repente te das cuenta de que solo te queda un 10% y que no tienes nada ni nadie que compense el 90% que te falta. Tampoco hay enchufes cerca y mucho menos un cargador. 

En ese momento es cuando toca ser más fuerte que nunca, cerrar los ojos para aumentar ese porcentaje sin ayuda de fuentes externas. Es en este punto donde te das cuenta de que puedes, que no necesitas nadie que te recargue. Pero duele demasiado hacerlo sola.

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